Tres años sin Amy, el Jade se rompió. La voz se le fue quebrando, tenía el corazón roto y enamorado de un maleante, la nariz agonizante, el hígado masacrado, la mente en otro lado. La Diva del Soul perdió las numerosas batallas que la atormentaban: contra el desamor, contra las drogas, contra el alcohol, contra la ansiedad y seguramente contra muchas otras cosas más. Murió sola, al parecer ahogada en alcohol, en su apartamento de Camden el 23 de julio de 2011. Ese fue, sin duda, un día negro para la música.
La flaca se paseaba por la blanca y cálida arena del caribe mexicano. El mar iba y venía, la acariciaba. Y de pronto, observó a un hombre que jugaba con sus hijos. Lo reconoció. Decidió que lo quería para ella, reconoció sus dedos ágiles y su grandísimo talento musical. No lo dejó ni siquiera despedirse, ni llevarse con él a su adorada guitarra. Se lo llevó así, de pronto, sin avisar. Su guitarra se ha quedado muda, vacía y sola. En silencio y sin voz, llora ella. Llora la música. Lloramos todos. Estamos de luto y damos un sentido adiós al extraordinario guitarrista Paco de Lucía.
Hoy se cumplen 7 años sin el Rey del Soul. En la Navidad del 2006 el corazón de James Brown dejó de latir, una noticia terrible para el mundo de la música. Lo recordamos con su exitazo: I feel good, para levantar el ánimo, olvidarse de la resaca, hacer un poco de ejercicio y continuar, ya más ligeros y muy contentos, con la tragadera propia de estas fechas.
Barry celebraría hoy su cumpleaños 69. Hace 10 años que lo festeja quién sabe dónde, pero seguro que lo pasan bien en el sarao cumpleañero. Sobre todo si se arranca a cantar, ángeles o demonios gozarán de lo lindo. Hoy lo festejamos también por estos lares, festejamos esa voz profunda, seductora, inolvidable y, por supuesto, eterna. ¡Viva Barry!
Ayer, 7 de septiembre, se cumplieron 35 años de la muerte de Keith Moon, considerado uno de los mejores bateristas en el mundo del rock. También famoso por sus múltiples y ruidosos, muy ruidosos, escándalos, pues además de ser amante de todo tipo de sustancias, incluido el alcohol, era fanático de los explosivos. Empezó con pequeños petardos de pólvora hasta que descubrió el grandioso poder de la dinamita. Rey de porcelana que estuviera en su hotel, rey de porcelana que volaba por los aires en múltiples pedacitos. Gustaba de tirar televisores por las ventanas y según diversas fuentes, en la celebración de su cumpleaños 20 (el dijo que eran 21 para poder beber a gusto), la fiesta terminó con su automóvil nadando en la piscina del hotel y su sonrisa sin un diente. Las versiones de tal acontecimiento se contradicen, no nos extraña, pues toda la concurrencia había consumido de todo y de manera abundante. Los hoteles, como era de esperar, le vetaron la entrada a toda la banda de manera indefinida. Una banda extraordinaria, por cierto. Su nombre: The Who. A la muerte de Moon, no volvieron a sonar nunca igual. Dicen los entendidos que su manera de tocar era extraordinaria, no necesitaba ensayar, su ritmo era frenético, era rápido y, sobre todo, preciso. Aunque no siempre, una vez tuvo la osadía de tomar un tranquilizante (algunos dicen que para caballos) -regado con abundante brandy- antes de empezar un concierto en San Francisco y, evidentemente, se desmayó en plena actuación. Consiguió volver al cabo de media hora, para volver a desvanecerse y salir de aguilita del escenario, sujetado por sus compañeros. Pete Townshend, pidió al público si había entre ellos algún baterista que pudiera echarles una mano, más bien las dos, lo que le dio a un fan de 19 años, Scot Halpin, sus, literalmente, 15 minutos de fama.
Moon the Loon (Moon el Loco, como le apodaban) fue la fuente de inspiración para el encantador monigote de Los Muppets, Animal. Dando rienda suelta a nuestra imaginación podríamos sustituir uno por otro y nadie se daría cuenta del intercambio.
En 1978 Keith estaba batallando contra su adicción al alcohol. Un médico le recomendó unas pastillas (Clometiazol), debía tomar una cuando tuviera ganas de beber y no debía tomar más de tres en un sólo día. Se ve que las ganas que tenía eran terribles y la abstinencia era imposible de soportar, pues al momento de su muerte, se había tomado nada más y nada menos que una muy generosa dosis de 32 píldoras. Bastaron cuatro pastillas para matarlo, las otras 26 aún no se habían disuelto en su organismo cuando le hicieron la autopsia.
Keith murió en el número 12 del 9 de Curzon Place en Mayfair, Londres, en la misma habitación y en la misma cama, en la que cuatro años antes había muerto de un infarto, Cass Elliot (Mama Cass, fundadora del grupo The Mamas & The Papas) y a la misma edad, 32 años.
Who are you fue el último álbum de la banda en el que participó y fue grabado dos semanas antes de su muerte.
Sonny Rollins celebra hoy su cumpleaños 83. Su andar es encorvado y su cabeza es ya de algodón pero su saxo sigue reluciendo como el oro. Sonny es, sin duda, uno de los últimos gigantes del jazz que aún continúa con vida, toda una joya. Larga vida al coloso.
Juana Levario, un día como hoy (1 de septiembre), en 1931 trajo al mundo al pequeño ruiseñor Gabriel Siria Levario. Sucedió en Tacubaya, en el Distrito Federal. Poco tiempo después su marido la abandonó y tuvo que dejar al crío con su hermano y su cuñada, quienes figurarían para siempre en el corazón y con toda su alma de niño y de adulto, como sus verdaderos padres. El pequeño estudió solo hasta el 5º año de primaria, donde empezó a echar sus primeros y hermosos gorgoritos. La pobreza lo obligó a dejar la escuela para ayudar con los gastos familiares. Así pues, se dedicó a recolectar vidrio y dicen muchas de las biografías que también huesos (no me explico para qué, ni los esqueletos de su procedencia). También trasladaba mercancías en el mercado. Su madre adoptiva murió en 1939 dejándolo consternado. El muchacho siguió trabajando, fue panadero, carnicero, cargador de canastas en el mercado y lavador de coches. Lo de cantar era lo suyo, así que consiguió echarse unos tangos en una carpa. El payaso y administrador del teatro, Manuel Garay, le ofreció su primera oportunidad. Así fue como ganó en más de una ocasión el concurso de aficionados. El premio: un flamante par de zapatos donados por la zapatería local. Fue por ese entonces en que, además de estrenar zapatos, estrenó el nombre artístico de Javier Luquín. Siguió trabajando en carnicerías, me imagino que lo hacía cantando, porque uno de los dueños observando (más bien escuchando) su talento, le pagó unas clases con un maestro particular. El joven Luquín siguió siendo carnicero de día pero intérprete de rancheras por las noches, con grupos de mariachi en Garibaldi y en la calle Honduras de la ciudad de México. Ahí acariciaba amores y almas con el aterciopelado sonido arrullador de su garganta. De ahí pasó a cantar en restaurantes y consiguió hacer una gira por Puebla. Al volver, fue contratado para cantar y animar en un cabaret. Para el año 1955 cambió su nombre artístico por el de Javier Solís y a finales de ese mismo año grabó su primer sencillo. La salida de su primer álbum, en 1956, se retrasó debido a un doloroso accidente en el que el ídolo de Guamúchil (Pedro Infante) perdió la vida. Javier, en el sepelio, se subió a una cripta del cementerio para dedicarle un sentido homenaje, cantando Grito Prisionero, erizando los pelos e incrementando los lloros de la numerosa concurrencia, pues su voz cautivaba a todo el que lo escuchase.
Esa melodiosa voz fue la causante de muchos idilios concretados, de sentimientos despertados, de eternos amores, de borracheras de desamor, de corazones enamorados y, a veces, también heridos.
Javier murió en 1966, a la tierna edad de 35 años, pero dejó una inolvidable huella en la música popular. Su voz sigue sonando y arrullando a los corazones enamorados o, casi seguro, a punto de estarlo.
Javier Solís, el indiscutible Rey del bolero ranchero.