Hoy 23 de septiembre celebran, celebramos, ellos en el más allá, nosotros en el más acá. El mundo es, sin duda, un lugar más feliz gracias a su música. En donde estén, seguro que están haciendo juntos una gran fiesta, sonora y entrañable. Uno en el piano, el otro en el saxo, con toda certeza se acercarán unos cuantos más. Quizá Miles toque un poco la trompeta.
¿Se imaginan? Los tres serán como un tren sin frenos que aún no para.
¡Feliz cumpleaños a John Coltrane y a Ray Charles!
Sonny Rollins celebra hoy su cumpleaños 83. Su andar es encorvado y su cabeza es ya de algodón pero su saxo sigue reluciendo como el oro. Sonny es, sin duda, uno de los últimos gigantes del jazz que aún continúa con vida, toda una joya. Larga vida al coloso.
Hoy recordamos a un monstruo, a un gigante, a un mago de la música. Un tren sin frenos, un extraordinario saxofonista. Su nombre: John Coltrane. Tuvo una vida lamentablemente corta, tan corta, que muchos se preguntan qué habría sido del jazz si la vida le hubiera permitido seguir, cuántas cosas nuevas que ya no pudieron acariciar nuestros oídos, cuántas maravillas se quedaron en el tintero. Trane dejó este mundo, un día como hoy en 1967, con sólo 40 años. Por fortuna, dejó mucho material, basta con darle al botón de play, para que su aliento inunde la sala y nos llene de caricias suaves, luminosas y arrebatadoras. Lo recordamos con esta extraordinaria grabación: In a sentimental mood, una composición de Duke Ellington, que también suena extraordinario, en el piano.
El 12 de marzo de 1955, Charly Parker estaba riendo a mandíbula batiente frente a un programa cómico de la televisión, se reía con la gran intensidad que lo caracterizó durante toda su vida. Todo lo que hizo, lo hizo apasionadamente. Si se trataba de tocar el saxo alto, lo tocaba con fuerza, con violencia. No por nada se dice la frase: "Esto es tan letal como un solo de Charly Parker". Un solo que se clava en las entrañas, que inunda el alma, que avasalla, que arrebata. Charly fue un revolucionario, un genio que cambió el rumbo, para bien, del jazz. Pero si se trataba de deprimirse, también lo hacía con intensidad: un inmisericorde abismo lo absorbía, se lo llevaba lejos y lo obligaba a intentar arrancarse la vida y salir corriendo de su inclemente infierno. Si se trataba de drogas, también le entraba con alegría y con locura. Si se trataba del alcohol, bebía hasta perder el sentido, perder el estilo, perderse el respeto a sí mismo y perder, casi todas las veces, su tan preciado saxo. Lo extraviaba con frecuencia, pero también lo empeñaba. La falta de dinero lo hacía deshacerse de esa extensión de sí mismo para poder satisfacer la violenta demanda de heroína que su cuerpo exigía a gritos. Sin embargo su talento no se apagaba, estallaba aún cuando ese saxo no era otro que un saxofón de juguete y aún cuando su cuerpo apenas podía mantenerse en pie. Un día llegó sin saxofón a un concierto en Canadá, donde tocaría con Dizzy Gillespie, un monstruo de la trompeta. No pudo conseguir un instrumento de verdad, así que se arrancó con un exiguo saxofón de plástico del que salieron las notas más alucinantes que nadie haya escuchado jamás.
Ese fatídico 12 de marzo, el cuerpo de Charly no pudo más. Estalló en risas para luego salir volando,. Bird desplegó sus alas y abandonó el mundo en el que vivió intensa y apasionadamente durante tan sólo 34 años.
Lo que nos dejó es eterno. Bird lives. Charly sigue aleteando, Charly sigue aquí agitando almas. Nos sigue acariciando de manera arrebatadora a través de sus grabaciones y lo hace como nadie.
Como nadie conseguirá hacerlo igual jamás.
Charly Parker, por Herman Leonard, Nueva York, 1949